Dicen que el fútbol es un deporte que se inventó en Inglaterra, se practica en Brasil y en el que siempre gana España. ¡Quién lo habría dicho hace unos años!
En Irlanda los deportes que más se siguen y practican son el hurling y el futbol gaélico. Sin embargo, el fútbol también se vive mucho, aunque de forma diferente a España.
Ayer tuve mi primera experiencia futbolística en Dublin. Tom me prestó unas zapatillas de multitacos, y a las 9 de la mañana empezamos el partido en una pista como las utilizadas en el fútbol indoor, salvo por la portería, que era más bajita, y por el hecho de que estábamos al aire libre.
Desconozco la temperatura exacta, pero la sensación térmica para mí era de 1ºC o 2ºC. Desde luego, nada que ver con los 20ºC con los que aterricé en Alicante la semana pasada, a las 21h. En fin, un frío que me impedía respirar con normalidad al mismo tiempo que corría por el terreno de juego. A lo que hay que añadir mi mal estado de forma por el tiempo que he estado sin jugar al fútbol debido a las lesiones producidas por culpa de la "pesca de altura" y los bailes de Will Smith... ¡Ya sabéis a lo que me refiero!
Aun así, eso no quitó que disfrutase jugando con el balón, como en los viejos tiempos. Me refiero a que saqué el repertorio de caños "pisaos", ruletas y taconazos... Incluso, para no perder la costumbre, cuando estuve de portero me metieron un gol por debajo de las piernas. Hay cosas que nunca cambian.
Respecto al resto de jugadores, decir que tanto los irlandeses como Tom (australiano) tenían una visión del fútbol completamente distinta a la que estaba acostumbrado. Un fútbol de mucho contacto físico, en el que las faltas brillaban por su ausencia (porque nadie las pitaba), y en el que los pases iban directos a buscar al jugador que estaba más adelantado para poder marcar goles rápido. El tiqui taca todavía no ha llegado aquí, eso está claro.
En fin, hubo gran derroche físico que me ha costado unas buenas agujetas, pero que mereció la pena por varias razones: he vuelto a jugar, he conocido a gente nueva y por fin he practicado durante un rato largo el inglés.
Por lo demás, el día transcurrió tranquilo y con normalidad. La noche acabó con en una especie de discoteca que no conocía todavía, tras haber cogido fuerzas con una buena Guinness en un pub irlandés.
En resumen, sigo conociendo cosas distintas en esta ciudad.
Para terminar, dejo una peculiar foto que tomé hace un par de semanas en la terraza de un café irlandés. No sé si será muy normal o no, pero me parece curioso, cuanto menos, el lugar en el que duerme el perro.
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